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Pescador de lunas
Desconsoladas olas
de dulce miel morena,
tocando con besos de arena
los juncos, agujas de la orilla
hilando la cansina y nublada majestad
de la brisa.
Un pescador de turbulentos
ojos insomnes, los cabellos
en largas penurias castañas,
arrojó su ansiedad en el sedal
de sus hambres.
Desconsoladas olas.
Paseando sus fangos oscuros,
el río deja el insulto de una sombra
en la arena charra y cimarrona.
Piedad para el pescador; el cielo
le desciende
limosnas de sangres y de oros.
Tarde bondadosa, relojes de luz
velando pálida la luna.
Crepúsculo que nada tatuado
en la escama fugitiva del pez.
Una red de poca fortuna al agua,
entre lentas espumas de plomo.
Desconsoladas olas…
Llorando en la red vacía.
El anzuelo está desierto, el río
está suspirando la noche en los aceites
de un oleaje plateado.
Mi pescador lleva a sus espaldas
la seca red y el sedal derrotado,
y la noche
ya le guarda su plato de luna serena,
de hambre blanca.
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